Texto narrativo

El día que cumplí seis años, mientras jugaba al escondite con unos amigos, dicidí que el frigorífico era un magnífico escondite. Me puse un par de jerséis, entré lentamente y, con cierto esfuerzo, conseguí cerrar la puerta. No llevaba ni unos segundos en aquel sitio estrecho, oscuro, gélido y ya tenía ganas de salir. Pero no me había dado cuenta de que una vez la puerta se había cerrado, no podía abrirla desde el interior.

Mis golpes y chillidos quedaban casi ahogados por el rugir del motor y los ruidos de los demás niños. Sin embargo, no debían haber pasado más que unos pocos minutos cuando alguien que estaba en las habitaciones de arriba me oyó y vino al rescate. Me sacaron en un estado de asfixia y pánico, aún gritaba, pero incapaz de hablar. Durante meses me asaltaron pesadillas relacionadas con este incidente, y me despertaba bañado en sudor, sin poder hablar, agobiado por la claustrofobia y el pánico.

                                                 Vikram Seth, Una música constante (fragmento)

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